Normalmente, la electricidad no se produce en el mismo lugar en el que va a consumirse sino a cientos de kilómetros, por lo que es muy importante el transporte de la misma.
Una instalación eléctrica completa consta de seis elementos, la central eléctrica donde se produce la electricidad, los transformadores, que elevan el voltaje de la corriente eléctrica para poder ser transportada con las menores pérdidas posibles, las líneas de transporte, las subestaciones, donde se rebaja el voltaje para poder ser distribuido a los clientes, las líneas de distribución y los transformadores que bajan el voltaje al nivel utilizado por los consumidores.

En una instalación normal, los generadores de la central eléctrica suministran voltajes entre 22.000 y 26.000 voltios, que se elevan mediante transformadores situados en la misma central a tensiones entre 138.000 y 700.000 voltios, para que al transportar la corriente la pérdida de energía sea mínima, según la Ley de Joule P=V. I².
En la subestación reducimos el voltaje a valores que oscilan entre los 66.000 a los 138.000 voltios para que la corriente pueda ser transferida a las líneas de distribución o líneas de baja tensión. Esta corriente será transformada de nuevo a una tensión menor dependiendo de la demanda de cada consumidor, ya sea esta industrial, comercial o doméstica. Normalmente las viviendas reciben una tensión entre 220 y 240 voltios, aunque todavía en algunos casos se mantienen instalaciones que requieren una tensión entre 110 y 125 voltios.
Las líneas de conducción se pueden distinguir en líneas de transporte o alta tensión y líneas de distribución o baja tensión. Las primeras se caracterizan en su aspecto por el tamaño de las torres, grandes estructuras metálicas, los grandes tramos de cables conductores, normalmente de cobre, aluminio o acero, la sucesión de platos de porcelana que actúan como aislantes y la existencia de un cable más fino en la parte superior que es la línea de tierra. Actualmente, las líneas de alta tensión constan de menos de cuatro torres por cada kilómetro lo que ha abaratado el transporte de la electricidad, pero antiguamente se construían los tendidos sobre postes de madera aún en uso en zonas de difícil acceso. Algunos cables tienen el centro hueco para que circule aceite a baja presión para que sirva de protección temporal contra el agua que podría producir fugas en el cable.
Las líneas de distribución constan de una serie de equipos suplementarios que protegen la instalación de una posible sobrecarga o cortocircuito mediante diferenciales o fusibles, que actúan en caso de que la corriente aumente de intensidad por encima de un valor determinado.
